Recomendado: “Teardrop”
26 Noviembre 2008
Jose Gonzalez interpretando este tema de Massive Attack:
Una vez más
17 Noviembre 2008
es la nada, es el sol
es la piedra en el mar
es el más gran castillo
que podrías tocar
mil estrellas fugaces
pasando detrás
una pluma, un vacío
pura espontaneidad
yo la busco y la encuentro
y la busco una vez más
son aquellos momentos
donde el tiempo no está
una espera seguida
por gran tranquilidad
una gota en la nieve
es ver a un ave volar
es parte del camino
que queremos tomar
yo la busco y la encuentro
y la busco una vez más
Seba Lay
Recomendado: “A whiter shade of pale”
5 Noviembre 2008
Procol Harum, 1967. Canción usada en “Apuntes al natural” (Life Lessons), cortometraje de Scorsese que aparece en “Historias de Nueva York”.
Haiku…
4 Noviembre 2008
Calurosa noche
el vuelo de un zancudo
suena entre silencios
Recomendado: “Ave Maria”
10 Octubre 2008
Bobby McFerrin en el festival de Montreal:
Track 02: “El Silencio”
2 Octubre 2008
Cada vez que se toca una nota en algún instrumento, es como que se nos dé la habilidad de complementar al silencio, un segundo de discurso para entregarle algo al aire mientras las ondas de sonido lo mueven y lo hacen bailar. La tan placentera habilidad de poder susurrar, dar un leve comentario al oído de cualquier escucha que esté por ahí. La habilidad de jugar con ese silencio que es tan importante para que la música pueda existir.
El silencio nos permite ver, siendo el equivalente a cerrar los ojos para escuchar música. Focalizar los sentidos en sólo uno de ellos. Nos puede permitir tocar, pensar, re-respirar. Suplir esa falta de espacio que muchas veces podemos tener, y que como nos acostumbran a ser robots óptimos y el descanso no paga, nos cuesta mucho recuperarlo. Poder parar un segundo dentro del “¡estoy apurado!” para preguntarse “¿estoy apurado?”, y darse cuenta que el llegar no sirve de nada sin haber pasado por el camino. Lo importante de las metas no es haber llegado, sino que es haber recorrido todo el trayecto. Paso a paso.
El silencio es nuestro Yin, lo frío, quieto que tenemos. Es la noche en que dormimos mientras el aire pesa menos. Es el complemento de todo un día Yang de apuros, bocinas, motores y calor. Ambos nos acompañan cada día tan sutilmente que normalmente no es fácil notarlos. Pero siempre de la mano siguen nuestro camino.
Es silencio también el momento previo a una mirada, el momento en que dos manos se rozan sintiendo los calores ajenos. Esos momentos en que gracias al silencio podemos escuchar cosas que normalmente no, como el latido de un corazón, como un suspiro, como una sonrisa.
El silencio es tan necesario para el sonido como lo es el sonido para el silencio. Sólo por esa capacidad que nos da para apagar el motor por un segundo y ser como un lago, teniendo claro que no por meter más ruido dejaremos de ser tan pequeños.
Recomendado: “Frosti”
20 Septiembre 2008
Björk y el tema numero 6 de su disco “Vespertine“:
Dede el bus…
16 Septiembre 2008
“En un sistema cerrado: Nada se crea, nada se destruye. Todo se transforma“
Antoine Laurent Lavoisier
Recomendado: “Energy Flow”
13 Septiembre 2008
Ryuichi Sakamoto en su disco “Back to the basics” (BTTB):
Track 01: “El comienzo del viaje”
11 Septiembre 2008
Jueves de noche, el bus se mueve al ritmo de la música que suena en mis audífonos. Empieza su rumbo hacia el norte, parando de vez en cuando, mientras la felicidad de partir hacia un lugar desconocido juega con la ironía de que para eso pasamos por la carretera hacia Colina. La que más he visitado en mi vida. Sonrío mientras mis ojos se dejan llevar por la gravedad hasta empezar a soñar.
Despierto con la luz del alba. La cortina abierta y mi viejo invitándome a mirar hacia afuera. Son nuevos colores: desierto, arena, espacios totalmente abiertos, ¡sol!.
Mucho incluyen los días acá. Trabajar de una manera envidiable, Leer, caminar, conocer, hacer del día algo nuevo.
Aprendo a usar la canon de mi viejo, sacando miles de fotos. Me gustaban las primeras y cada día mejoro un poco más.
Estoy re-empezando a leer, costumbre que había dejado hace años.
Vine a trabajar en los temas de mi nuevo disco y he arreglado un par, pero más que todo he creado, aprendido, pensado y me he limpiado. Hay lugares que son el escenario perfecto para pensar, para moverse con calma, haciendo las cosas a su tiempo. Todo llega en su momento. Ni antes ni después. Uno es el que tiene que saber adaptarse a eso. El desierto lo sabe, se adapta y deja atrás mientras el viento lo ayuda moviendo arena y borrando todas las marcas que puedan quedar en él. Los cerros tienen más memoria pero la esconden, guardando miles de años en distintas capas de piedras, conchas, arena, minerales, huesos y quizás que más.
Hace unos días salí a caminar llegando a un punto quieto, tranquilo, espacioso. Me acosté en la arena a escuchar. No había ruido ni silencio. Momento muy memorable donde mis pensamientos se escuchaban claros. Casi se veían las millones de capas transparentes de aire que marcan la distancia entre uno y la atmósfera.
Hemos salido varias veces a pasear, conocer, ver que aparece en el camino. Lo único que se repite somos nosotros dos y las cámaras. Salir sin pensar en llegar a algún lugar, sino que sólo salir y avanzar.
Caminando así nos tocó en la playa una familia de perros jugando. Amigos fugaces que aceptan el cariño momentáneo que se les da entregando el suyo a cambio. Y de la misma manera en que llegan se van.
Nos tocó camino a Bahía Inglesa un cerro rojo, lleno de piedras, cactus, conchas. Miles de historias distintas que ya no hay como contar y solo nos quedamos con lo que la imaginación dice. Y tan rojo como él, nos tocó el atardecer ese mismo día, enrojeciendo todo más aún.
Estando en el muelle de Caldera nos tocó conocer a un trío de lobos marinos pidiendo pescado mientras un clan de pelícanos miraba con muchas ganas pero poca decisión. Cada uno con su peinado distinto, todos en fila esperando que un pescado cayera en el lugar correcto. Las gaviotas apuradas sacaban del agua los trozos más chicos y así nada se gastaba.
En Obispito nos tocó un mar calmo, lleno de piedras. Piedras para nosotros, casas para los millones de jaibas que estaban ahí. Se les alcanzaba a ver tomando sol por un segundo hasta que se daban cuenta de los dos voyeurs y corrían a su escondite.
El desierto nos ha compartido mucho y nosotros hemos dejado que lo haga observando sus detalles, no interfiriendo y siendo parte. No pisando los hoyos en el piso que puedan ser casa de algún bicho, dejando todo en su lugar. Porque no vinimos a sólo estar en un lugar. Vinimos a compartir con él, a aprender de él y a presenciar humildemente una de las tantas cosas que se pueden vivir en cualquier parte del mundo._
Recomendado: “Life on mars?”
9 Septiembre 2008
Track 00: “Play”
8 Septiembre 2008
Tan mecánica es la función que compartimos, que muchos sólo notan como el tiempo desgasta a ese triángulo que apunta a la derecha en nuestros equipos de música. Esa pequeña figura que nos indica el comienzo de algo, nos invita a “jugar”, como su nombre alterno nos dice.
Un simple símbolo que nos invita a ser directores de la orquesta que suene con el disco de turno. Una invitación a participar en una obra, a ser personajes dentro de un acto. Nuestro propio acto según donde nos lleve esa música.
Un acto muy bonito es el que suena en el disco “Seven swans” (2004, Asthmatic Kitty Records) de Sufjan Stevens. Transportandonos a un cerro, invitandonos a unir nuestros párpados, a sentir ese aire fresco en la cara, a respirarlo. Entrega una sensación de paz que no todos logran. Esa paz que todos necesitamos de vez en cuando, simplemente para dejar de pensar un rato en el taco, en la cuenta, en la monotonía de la mayoría de los días. Poder cambiar lo cotidiano para sumergirse en un mundo de calma, de espacios abiertos, aprovechando la manera en que la música nos puede llevar al silencio, a un equilibrio interno. Dejar de estar en el lado Yin o en el lado Yang del universo por unos minutos y sentarse entre ambos.
Muchas veces tenemos ese “disco amigo”. Ese disco para escuchar mientras estamos solos, sólo por el hecho de entregarse a ese momento. Ya sea saliendo a dar una vuelta en el “Long Board“, sentarse en una plaza, ir a un cerro o simplemente mientras estamos acostados en la cama. Subirle al volumen y escuchar música. Dejar que cada nota nos dé un segundo de calma, que nos acompañe en un viaje de tiempo limitado a cualquier lugar en el que queramos estar. Es simplemente eso. Darse un momento para solamente escuchar, desactivando 4 sentidos. Mientras, se esboza alguna sonrisa de vez en cuando en forma de gratitud a esa paz en la que se puede estar.
Y todo a sólo un botón de distancia._